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Todos la hemos visto: La mujer que trota grácilmente por su vecindario temprano por la mañana de un sábado. Pero, ¿qué la hace levantarse tan temprano en un fin de semana para ponerse sus zapatos deportivos?  La respuesta es simplemente que ha pasado exitosamente de necesitar ejercitarse a la misteriosa tierra en la que en realidad quiere ejercitarse.  Todos tenemos la capacidad de llegar a ese lugar y aprender a amar el ejercicio: en realidad, la has tenido desde siempre. Los profesionales del ejercicio lo llaman el “factor diversión” por el que si disfrutas de hacer algo deja de ser una obligación y querrás hacerlo más. Aquí explicaremos cómo transformar tu mentalidad del ejercicio y descubrir cómo amar ejercitarte en vez de odiarlo.

Vuelve a evaluar tus objetivos

Mientras estés en tu proceso de perder peso con fentermina, alcanzar y mantener tu peso ideal es tu principal objetivo y el ejercicio puede representar parte de tu éxito. Sin embargo, aprender a amar el ejercicio es un asunto completamente distinto. Los investigadores han descubierto que las mujeres que citan la pérdida de peso como principal motivo para ejercitarse, en realidad se ejercitan menos que las que citan otros motivos. Y olvida el motivo vago y demasiado a largo plazo de “la salud”: la preocupación de tener un paro cardíaco a los 60 no es suficiente para motivarte a salir de la cama un sábado por la mañana.  Muchas mujeres odian ejercitarse porque les han enseñado a hacerlo por los motivos equivocados, y que sin dolor no hay resultados, y se trata sobre lo que deberíamos hacer, y no sobre encontrar algo que amemos hacer.

Aprovecha al máximo tu entusiasmo

Hay dos maneras de incrementar la diversión de tu entrenamiento y empezar a amar el ejercicio: minimiza la monotonía y maximiza el placer, lo que significa no revisar tu ritmo cardíaco o preocuparte por tus umbrales aeróbicos, y olvídate de las calorías. Comienza explorando las cosas que amabas hacer cuando eras niña, cosas que eran naturalmente atléticas pero que parecían más un juego en aquel momento. Los niños no andan en bicicleta, en patín, corren o nadan para quemar calorías o perder peso, o no tener diabetes, lo hacen porque es divertido y aman la sensación de libertad, y poder liberar la energía y sentir la naturaleza contra su cuerpo.

Los investigadores incluso dicen que las actividades físicas divertidas contienen un componente que reduce el estrés más allá del ejercicio común. Así que, no solo es más probable que disfrutes y sigas un ejercicio placentero, sino que también es mejor para ti que algo que queme más calorías pero sea menos divertido. Sin embargo, solo tú puedes definir “divertido” para ti. Si te gustan las actividades grupales puedes intentar practicar vóley, o unirte a un club de fútbol o de carreras; si te gusta el aire libre y la naturaleza puedes considerar el trekking o la bicicleta de montaña; también hay muchas clases de ejercicios entre las cuales elegir si prefieres eso, como zumba, aeróbicos, yoga o baile, hay de todo tipo, para todos.

Estas son apenas algunas posibilidades: lo fundamental es investigar, experimentar y probar una variedad de diferentes actividades. Cuando encuentres una que genuinamente disfrutes lo sabrás, ya que querrás seguir haciéndola porque habrás alcanzado ese lugar mágico en el que en realidad quieres ejercitarte. Y recuerda, ninguna actividad es más o menos valiosa que otra, así que no creas que tu amiga es mejor que tú porque ella corre y tú haces yoga: si te gusta y estás practicando alguna actividad, entonces ambas tienen éxito en el ejercicio.

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Mantén el interés

La gente que logra mantener un régimen de ejercicio y aprende exitosamente a amar el ejercicio, lo hace porque puede cambiar su foco de lo distante, de los resultados externos como perder peso, y ver las experiencias positivas e internas del aquí y ahora. Se convierten en deportistas intrínsecos que se ejercitan para sí mismos, logrando total absorción en su actividad. Sin embargo, es importante mantener los objetivos claros, en lugar de concentrarse en el final, lo que importa es el proceso para lograrlo. Mientras te ejercitas, aprende a medir la respuesta que te da tu mente y tu cuerpo, así estarás consciente de tu progreso durante el ejercicio, y eso te mantendrá conectada con lo que tu cuerpo está haciendo y cómo se siente.

Equilibra el desafío percibido y la habilidad, monitorea tus movimiento y evalúa continuamente cualquier progreso que hagas: ya sean mejoras de técnica, velocidad, habilidad, fuerza o simplemente cómo te sientes mientras te ejercitas, aprende a escuchar a tu cuerpo y a  tu mente. La clave para continuar tu placer y tu interés es siempre sentirte desafiada, pero a un nivel en el que el éxito sea posible: si te desafías más allá de tu nivel de capacidad, te frustrarás y esto se convertirá en una razón para evitar el ejercicio

Comenzar a ejercitarte regularmente cultiva una relación de por vida con el movimiento y solo tú puedes decidir cómo se verá eso día a día. Descubrir cómo amar el ejercicio cambiará tu mentalidad de sentir que tienes que ejercitarte a darte cuenta que en realidad quieres hacerlo. Del  mismo modo, cuando no puedes ejercitarte un día que normalmente lo harías, no sentirás culpa, sino decepción de no hacer tu ejercicio habitual. El ejercicio es algo que querrás encajar en un día ocupado, no algo que se te olvida por una agenda complicada.

Si quieres ejercitarte regularmente, no porque tienes la obligación, sino porque quieres, entonces tienes que empezar a trabajar desde adentro hacia afuera. Luego de comenzar a ejercitar por la recompensa interna de la actividad en sí, como la chica que trota el sábado por la mañana, te verás entusiasmada porque quieres y no porque debes, y sabrás lo genial que se siente amar el ejercicio.

¿Has encontrado un ejercicio que ames hacer? ¡Deja un comentario abajo y cuéntanos!

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